Cuando un amigo se va
queda un espacio vació,
que no lo puede llenar
la llegada de otro amigo...
Alberto Cortés
I
Me duele la cabeza...
Hace ya un tiempo que es así... no sabría precisar cuando exactamente comenzó a manifestarse.
Sin embargo puedo recordar que eran dolores leves al principio, molestias solamente, como las de un mosquito que no deja dormir.
Sin embargo fueron creciendo con el tiempo... conforme pasaron ciertos acontecimientos...
Casi estoy seguro que están relacionados. Soy una persona que no cree en las coincidencias. Y sin embargo, a falta de pruebas, no me queda más que dudar...
La primera molestia la recuerdo perfectamente.
Fue un viernes.
Estaba en el comedor.
Había pedido unas papas para almorzar mientras esperaba a los chicos del otro turno.
Tenían que empezar a llegar en cualquier momento, pero yo ya tenía hambre y no iba a alcanzar a llegar a casa para comer.
Los minutos pasaban, la comida demoraba y los otros trabajadores... mis propios compañeros... se retiraban uno por uno a sus actividades de la tarde.
Uno por uno salían sin despedirse... puede decirse que no nos llevábamos tan bien.
Y sin embargo, heme ahí, esperando a los del turno de la tarde como si de mis propios compañeros se tratase.
Extraño, ¿no?
Siempre lo considere así... me llevaba mejor con gente fuera de mi círculo, como si fuera yo una pieza en un rompecabezas equivocado que se niega a encajar por más que se le fuerce y que, sin embargo, embona al dedillo en cuanto se le ubica con las demás piezas de su misma especie...
Así lo veo...
A ciencia cierta no se si funcione así.
En fin, estoy divagando.
Estaba yo ahí, esperando comida y personas cuando entró a la habitación Lidia.
¿Quien es Lidia se preguntarán?
Ni yo puedo definirla bien a bien.
Es una amiga, de estatura promedio, pelo a la altura de los hombros, castaño, ojos expresivos, angelicales...
Si por mi fuera su descripción sería la del amor verdadero que llega a tocar las fibras del corazón una vez cada milenio... sin embargo eso, además de insufriblemente romántico, resulta a final de cuentas muy abstracto.
Contentémonos con decir que es una chica guapa que despierta el deseo en el corazón de la especie masculina por su bondad, virtudes y belleza.
En fin... entró ella y me vio sentado, esperando como siempre para intercambiar algunas palabras antes de que iniciaran sus labores y yo tuviera que retirarme de las mías.
Nos saludamos, nos dimos un beso en la mejilla.
Hablamos de cosas rutinarias: el clima, la política, la administración del trabajo, gastronomía... en fin, muchas cosas.
Me vocearon de la barra cuando mi comida estaba lista, así que fui por ella mientras pensaba en la chica sentada a la mesa.
Alguna vez le había declarado mi sentir por ella (como algunos otros ya lo habían hecho) y (como a esos otros) amablemente me había rechazado.
No tenía problemas con ello en realidad, pues su amistad también la valoraba.
En cierta medida era un lucero que, junto con los otros llamados "amigos" que tengo iluminaba una existencia que por años consideré monótona y gris.
Creo que divago de nuevo... iba sobre las causas primeras del dolor...
Regresé al asiento con mi plato y seguimos la plática.
Un tema llevó al otro y ese otro al siguiente.
La comida en el palto se terminaba y el tiempo de convivencia era menos.
Quedaban ya algunos restos nimios en el plato y apenas un par de minutos en el reloj cunado ella lo soltó de improviso...:
-Me marcho...-
Se que nada extraordinario había ocurrido alrededor, pero para mí era como si una bomba nuclear de pronto hubiera detonado en el comedor.
No había otros sonidos ni otras imágenes mas que las de ella diciendo esas dos simples, sencillas y aterradoras palabras...me marcho.
Lo único que entendí fue que alguien la esperaba allende el mar y que ella había decidido ir con el dejando todo atrás como en la trama ridícula de una novela romántica.
Casa... familia... amigos...
Le pregunte que cuando se iba.
Dijo que esa misma noche partía... para quizá no volver.
Sonó el marcador de horario. Su turno empezaba y yo debía irme.
Ella se levantó, beso mi mejilla como despedida... esta vez definitiva... y se introdujo a trabajar.
Yo tenía la boca seca, las manos frías, el estomago revuelto... y un dolor palpitante, no en el corazón (aunque sí sentí algo que quedó vacío ahí dentro) sino guardado en lo más profundo de mi cerebro...
II
¿Que es una jaquequa?
¿Alguien alguna vez lo ha pensado?
Más allá del dolor (que es la obvia consecuencia de esta brutal acción del cuerpo) tiene que ver con estados de ánimo.
El más frecuente en mí ha sido la depresión.
No una depresión como las que se ven en las telenovelas, sino una larga y melancólica marcha por estadios grises.
Nunca contemplé el suicidio. Amo demasiado la vida para eso, pero si había contemplado algo aún más aterrador que la muerte...
La muerte en vida.
Pensando en aquellos que han decidido pegarse un tiro, cortarse las venas o meter su cabeza dentro de un horno se podría decir que tomaron una salida fácil ante una serie de circunstancias que vieron descomunales, imposibles de superar.
La muerte en vida sigue otro proceso.
No enfrenta a la persona a esos relativos "grandes e infranqueables obstáculos" sino que de manera sutil aniquila toda sensación de vida que hay en el cuerpo.
Apaga cada lucero que alumbra la existencia de uno como persona sumiéndolo en un frío vacío...
Este proceso dura meses... incluso años, pero está siempre presente.
Su más desesperante característica es que al final uno descubre que es inevitable... que es una parte más del ciclo de la vida... y que aunque se luche con fuerza ante el, el resultado será el mismo: la soledad y el vacío.
Y para muestra un botón...
Algunos meses después de la partida de Lidia (a quien, como temía, le perdí todo contacto) estaba pasando el tiempo con los viejos amigos de la facultad.
Casi no los veía, pues no coincidían los horarios; pero cuando coincidíamos las platicas que nos aventábamos eran exquisitas (y después de estar oyendo insensateces todos los días, el sentimiento era enorme).
En especial esto sucedía con Ginebra, una chava un poco mayor que yo... y algo más loca que yo. (Por qué me llevo mejor con las chicas siempre fue un misterio para mi... quizá algún día alguien en la misma circunstancia piense en ello y llegue a una conclusión satisfactoria... en fin, de nuevo divago...)
Conversábamos sobre la vida, el amor, los deseos, los niños, la humanidad... en resumen, temas relevantes.
En ella casi llegué a ver un alma gemela, un espíritu con las mismas inquietudes y preguntas (aunque, claro, a su particular manera... ella poseía la astucia del zorro que a mi los dioses me negaron.)
De vuelta al tema:
Un día conversando recostados contra las frías lozas de concreto de unas gradas decidió compartir sus planes...se marchaba definitivamente.
La sensación de la bomba se hizo presente de nuevo... pues ella nunca hablaba en son de broma.
Dijo que estaba cansada de la ciudad, de su frío trato y que se iba a buscar amor y fortuna a provincia... quizá a algún lugar cerca del mar... o quizá a los bosques o las montañas.
Sinceramente sus planes no los terminé de oír.
Hubiera sido como si voluntariamente alguien observara entusiasmado la demolición de una ciudad entera.
Su decisión era su decisión, y eso lo sabía, pero el contacto no iba a ser el mismo y quizá hasta se perdería... como de nuevo había pasado.
La cabeza me daba golpeteos como si fuera un tambor tribal de caza.
Las palabras llegaban mezcladas con mis propios latidos reverberando en mi cabeza.
Sin valor deje que siguiera hablando y se despidiera.
Nunca más la volví a ver...
III
Es curioso hablar del valor en estos momentos.
¿Que se debe hacer cuando un amigo convencido te dice: me voy?
¿Mueves cielo, mar y tierra por retenerlo?
¿Diseñas un plan infalible para seguir en contacto?
¿O aceptas que su vida debe seguir más allá del espacio y tiempo que han compartido, le deseas lo mejor y cruzas los dedos para que puedan volverse a ver?
La respuesta correcta hasta ahora es un misterio... al menos para mí.
Vivo atrapado en un mundo hecho del pasado, atesorando cada momento que compartí con ellos (con ellas dos y con otros que también se han ido).
Quisiera haber podido mantenerles pegados a mi, pero eso es egoísta y me siento mal después por considerarlo.
Y, finalmente, me acerco a la conclusión...
Les envidio.
Ellos decidieron tomar sus riendas y volar... dejar lo que conocían atrás para encontrar lo que sus sueños les habían dictado.
Yo, por el contrario, vivo de recuerdos, atrapado en la rutina, demasiado preocupado por formas y reglas sin sentido que el sólo mirar hacia abajo me marea y me insta a no seguir.
Las cosas cambian... ellos cambian... y yo busco ser el mismo...
Físicamente, eso es imposible.
Esa es la realidad detrás de la muerte en vida. El saber que uno, por más que busca hacer permanecer su mundo por encima del tiempo terminara perdiéndolo por partes.
Primero las personas, después los elementos... y después uno mismo.
Nunca volví a verlas a ellas... nunca volví a saber de muchos de ellos... quizá debí esforzare, buscarlos... encontrarlos por algún medio...
¿Recuerdan que mencione el dolor de cabeza?
Se ha vuelto más constante con cada perdida, con cada nueva tensión.
Creía que era sólo la debilidad, el deseo reprimido que se manifestaba de manera física...
La sangre que ahora brota de mi nariz muestra definitivamente que no es así.
Estoy sólo... tristemente no por actitudes sino por elección... por una mala elección.
Y aún así no entiendo...no acabo de entender...
Y ya no podré.
La presión se incrementa en mi cerebro... dicen que es como un globo que con la tensión se infla hasta más no poder...
Duele... ahora, más que nunca... en muchas formas...
Me quieren quitar la pluma y el papel... creo que les dejaré... ya no hay más... sólo quiero paz...
Y al fin silencio...
----
El autor de esta carta falleció a consecuencia de un aneurisma cerebral un día de otoño a causa de una fuerte tensión emocional.
queda un espacio vació,
que no lo puede llenar
la llegada de otro amigo...
Alberto Cortés
I
Me duele la cabeza...
Hace ya un tiempo que es así... no sabría precisar cuando exactamente comenzó a manifestarse.
Sin embargo puedo recordar que eran dolores leves al principio, molestias solamente, como las de un mosquito que no deja dormir.
Sin embargo fueron creciendo con el tiempo... conforme pasaron ciertos acontecimientos...
Casi estoy seguro que están relacionados. Soy una persona que no cree en las coincidencias. Y sin embargo, a falta de pruebas, no me queda más que dudar...
La primera molestia la recuerdo perfectamente.
Fue un viernes.
Estaba en el comedor.
Había pedido unas papas para almorzar mientras esperaba a los chicos del otro turno.
Tenían que empezar a llegar en cualquier momento, pero yo ya tenía hambre y no iba a alcanzar a llegar a casa para comer.
Los minutos pasaban, la comida demoraba y los otros trabajadores... mis propios compañeros... se retiraban uno por uno a sus actividades de la tarde.
Uno por uno salían sin despedirse... puede decirse que no nos llevábamos tan bien.
Y sin embargo, heme ahí, esperando a los del turno de la tarde como si de mis propios compañeros se tratase.
Extraño, ¿no?
Siempre lo considere así... me llevaba mejor con gente fuera de mi círculo, como si fuera yo una pieza en un rompecabezas equivocado que se niega a encajar por más que se le fuerce y que, sin embargo, embona al dedillo en cuanto se le ubica con las demás piezas de su misma especie...
Así lo veo...
A ciencia cierta no se si funcione así.
En fin, estoy divagando.
Estaba yo ahí, esperando comida y personas cuando entró a la habitación Lidia.
¿Quien es Lidia se preguntarán?
Ni yo puedo definirla bien a bien.
Es una amiga, de estatura promedio, pelo a la altura de los hombros, castaño, ojos expresivos, angelicales...
Si por mi fuera su descripción sería la del amor verdadero que llega a tocar las fibras del corazón una vez cada milenio... sin embargo eso, además de insufriblemente romántico, resulta a final de cuentas muy abstracto.
Contentémonos con decir que es una chica guapa que despierta el deseo en el corazón de la especie masculina por su bondad, virtudes y belleza.
En fin... entró ella y me vio sentado, esperando como siempre para intercambiar algunas palabras antes de que iniciaran sus labores y yo tuviera que retirarme de las mías.
Nos saludamos, nos dimos un beso en la mejilla.
Hablamos de cosas rutinarias: el clima, la política, la administración del trabajo, gastronomía... en fin, muchas cosas.
Me vocearon de la barra cuando mi comida estaba lista, así que fui por ella mientras pensaba en la chica sentada a la mesa.
Alguna vez le había declarado mi sentir por ella (como algunos otros ya lo habían hecho) y (como a esos otros) amablemente me había rechazado.
No tenía problemas con ello en realidad, pues su amistad también la valoraba.
En cierta medida era un lucero que, junto con los otros llamados "amigos" que tengo iluminaba una existencia que por años consideré monótona y gris.
Creo que divago de nuevo... iba sobre las causas primeras del dolor...
Regresé al asiento con mi plato y seguimos la plática.
Un tema llevó al otro y ese otro al siguiente.
La comida en el palto se terminaba y el tiempo de convivencia era menos.
Quedaban ya algunos restos nimios en el plato y apenas un par de minutos en el reloj cunado ella lo soltó de improviso...:
-Me marcho...-
Se que nada extraordinario había ocurrido alrededor, pero para mí era como si una bomba nuclear de pronto hubiera detonado en el comedor.
No había otros sonidos ni otras imágenes mas que las de ella diciendo esas dos simples, sencillas y aterradoras palabras...me marcho.
Lo único que entendí fue que alguien la esperaba allende el mar y que ella había decidido ir con el dejando todo atrás como en la trama ridícula de una novela romántica.
Casa... familia... amigos...
Le pregunte que cuando se iba.
Dijo que esa misma noche partía... para quizá no volver.
Sonó el marcador de horario. Su turno empezaba y yo debía irme.
Ella se levantó, beso mi mejilla como despedida... esta vez definitiva... y se introdujo a trabajar.
Yo tenía la boca seca, las manos frías, el estomago revuelto... y un dolor palpitante, no en el corazón (aunque sí sentí algo que quedó vacío ahí dentro) sino guardado en lo más profundo de mi cerebro...
II
¿Que es una jaquequa?
¿Alguien alguna vez lo ha pensado?
Más allá del dolor (que es la obvia consecuencia de esta brutal acción del cuerpo) tiene que ver con estados de ánimo.
El más frecuente en mí ha sido la depresión.
No una depresión como las que se ven en las telenovelas, sino una larga y melancólica marcha por estadios grises.
Nunca contemplé el suicidio. Amo demasiado la vida para eso, pero si había contemplado algo aún más aterrador que la muerte...
La muerte en vida.
Pensando en aquellos que han decidido pegarse un tiro, cortarse las venas o meter su cabeza dentro de un horno se podría decir que tomaron una salida fácil ante una serie de circunstancias que vieron descomunales, imposibles de superar.
La muerte en vida sigue otro proceso.
No enfrenta a la persona a esos relativos "grandes e infranqueables obstáculos" sino que de manera sutil aniquila toda sensación de vida que hay en el cuerpo.
Apaga cada lucero que alumbra la existencia de uno como persona sumiéndolo en un frío vacío...
Este proceso dura meses... incluso años, pero está siempre presente.
Su más desesperante característica es que al final uno descubre que es inevitable... que es una parte más del ciclo de la vida... y que aunque se luche con fuerza ante el, el resultado será el mismo: la soledad y el vacío.
Y para muestra un botón...
Algunos meses después de la partida de Lidia (a quien, como temía, le perdí todo contacto) estaba pasando el tiempo con los viejos amigos de la facultad.
Casi no los veía, pues no coincidían los horarios; pero cuando coincidíamos las platicas que nos aventábamos eran exquisitas (y después de estar oyendo insensateces todos los días, el sentimiento era enorme).
En especial esto sucedía con Ginebra, una chava un poco mayor que yo... y algo más loca que yo. (Por qué me llevo mejor con las chicas siempre fue un misterio para mi... quizá algún día alguien en la misma circunstancia piense en ello y llegue a una conclusión satisfactoria... en fin, de nuevo divago...)
Conversábamos sobre la vida, el amor, los deseos, los niños, la humanidad... en resumen, temas relevantes.
En ella casi llegué a ver un alma gemela, un espíritu con las mismas inquietudes y preguntas (aunque, claro, a su particular manera... ella poseía la astucia del zorro que a mi los dioses me negaron.)
De vuelta al tema:
Un día conversando recostados contra las frías lozas de concreto de unas gradas decidió compartir sus planes...se marchaba definitivamente.
La sensación de la bomba se hizo presente de nuevo... pues ella nunca hablaba en son de broma.
Dijo que estaba cansada de la ciudad, de su frío trato y que se iba a buscar amor y fortuna a provincia... quizá a algún lugar cerca del mar... o quizá a los bosques o las montañas.
Sinceramente sus planes no los terminé de oír.
Hubiera sido como si voluntariamente alguien observara entusiasmado la demolición de una ciudad entera.
Su decisión era su decisión, y eso lo sabía, pero el contacto no iba a ser el mismo y quizá hasta se perdería... como de nuevo había pasado.
La cabeza me daba golpeteos como si fuera un tambor tribal de caza.
Las palabras llegaban mezcladas con mis propios latidos reverberando en mi cabeza.
Sin valor deje que siguiera hablando y se despidiera.
Nunca más la volví a ver...
III
Es curioso hablar del valor en estos momentos.
¿Que se debe hacer cuando un amigo convencido te dice: me voy?
¿Mueves cielo, mar y tierra por retenerlo?
¿Diseñas un plan infalible para seguir en contacto?
¿O aceptas que su vida debe seguir más allá del espacio y tiempo que han compartido, le deseas lo mejor y cruzas los dedos para que puedan volverse a ver?
La respuesta correcta hasta ahora es un misterio... al menos para mí.
Vivo atrapado en un mundo hecho del pasado, atesorando cada momento que compartí con ellos (con ellas dos y con otros que también se han ido).
Quisiera haber podido mantenerles pegados a mi, pero eso es egoísta y me siento mal después por considerarlo.
Y, finalmente, me acerco a la conclusión...
Les envidio.
Ellos decidieron tomar sus riendas y volar... dejar lo que conocían atrás para encontrar lo que sus sueños les habían dictado.
Yo, por el contrario, vivo de recuerdos, atrapado en la rutina, demasiado preocupado por formas y reglas sin sentido que el sólo mirar hacia abajo me marea y me insta a no seguir.
Las cosas cambian... ellos cambian... y yo busco ser el mismo...
Físicamente, eso es imposible.
Esa es la realidad detrás de la muerte en vida. El saber que uno, por más que busca hacer permanecer su mundo por encima del tiempo terminara perdiéndolo por partes.
Primero las personas, después los elementos... y después uno mismo.
Nunca volví a verlas a ellas... nunca volví a saber de muchos de ellos... quizá debí esforzare, buscarlos... encontrarlos por algún medio...
¿Recuerdan que mencione el dolor de cabeza?
Se ha vuelto más constante con cada perdida, con cada nueva tensión.
Creía que era sólo la debilidad, el deseo reprimido que se manifestaba de manera física...
La sangre que ahora brota de mi nariz muestra definitivamente que no es así.
Estoy sólo... tristemente no por actitudes sino por elección... por una mala elección.
Y aún así no entiendo...no acabo de entender...
Y ya no podré.
La presión se incrementa en mi cerebro... dicen que es como un globo que con la tensión se infla hasta más no poder...
Duele... ahora, más que nunca... en muchas formas...
Me quieren quitar la pluma y el papel... creo que les dejaré... ya no hay más... sólo quiero paz...
Y al fin silencio...
----
El autor de esta carta falleció a consecuencia de un aneurisma cerebral un día de otoño a causa de una fuerte tensión emocional.
Lidia, Ginebra y varios amigos suyos le presentaron sus últimos respetos personalmente en el funeral.
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