2/10/08

La lluvia

Esta lluvia no es normal. Hace años que ninguna por aqui lo es.

Si le preguntaran a alguien por el recuerdo de la ultima precipitacion natural pocos podrian responder, pero Abey Sithford podria contarles como ocurrió la transicion como si hubiera suscedido apenas el dia de ayer.

Viejo y enfermo Sithford aún pose una memoria envidiable para caulquier hombre que se precie de ser joven. El aún recuerda los días de caballo y carreta en los montes de Northam. Con precision puede reatar el drama de las familias que perdieron a sus seres queridos en la Gran Guerra y en la Segunda Guerra. Pero su relato favorito para aquellos viajeros que se detienen a escucharlo es el de la lluvia.

"Comenzo el suceso con un pequeño anuncio sin importancia:" inicia siempre su relato " la vieja choza en la punta de aquel cerro que se ve dominante en el paisaje quedo vacia tras la muerte del último ocupante humano, y digo humano porque en esas alejadas cumbres donde persona alguna se atreve a poner pie han hecho hogar criaturas muy diferentes a los seres , animales o vegetales, que son ampliamente conocidos.

Las leyendas hablan desde epocas de los colonizadores sobre semillas que fructifican en abortos espantosos y criaturas que nacen de cruzas extrañas que en modo alguno benefician a los oficios de los hombres, pero que si tienen un proposito, pero explicar esto seria muy tardado y completamente inutil pues son solo palabreria de gente que ya no existe y que no se puede confirmar. En fin...

En esa choza vivia una familia cuyo apellido sufrio constantes cambios debido a la unión de sus integrantes femeneninos con diferentes hombres, así que me referiré a ellos por el último de los desdichados que vino a desposar a una de esas mujeres para formar la efimera estirpe de los Breumont.

La familia Breumont (insisto en que es un apelativo generico pues un tiempo fueron Marston, otro más Cabby, en algún otro Saint Martin y alguna vez Mansaderegocijo y Viñareal) lego del puerto de Norwich procedente de varias partes de Europa por alla de mil chocientos y pico y llegaron a esats tierras donde encontraron lo que buscaban en la punta de ese cerro. Ahi se asentaron y construyeron la choza semi derruida que corona la punta de la cuesta.

Pasaron los años y la gente de este lugar se acostumbro a su siempre singular presencia. Nunca bajaban del cerro más que para lo indispensable como comprar y vender alimentos y animales o asistir a los servicios religiosos. Cantidad de comentarios despertaban sus contados descensos a zonas más pobladas y al echo de evitar a toda costa de comentar aspectos de su vida, pasada o presente, con nadie.

La familia era además conocida porque desde su llegada los matrimonios solo engendraban niñas, nunca varones. En toda la historia registrada de este pueblo no existe ninguna señal de que en ese cerro alguna vez hubiera presencia de un varón Breumont.

Por esta circunstancia es que el apellido de aquellos cambiaba constantemente, pues al llegar las niñas a edad casadera, ya convertidas en esplendorosas señoritas, conseguian un partido y se desposaban con el, adquiriendo el apellido del hombre.

Recuerdo que durante 70 años varios en el pueblo, incluyendome, nos preguntamos tambien como conseguian encontrar candidatos a esposos si nunca descendian a estas zonas mas que a comerciar; pues he de decir que los hombres que presentaban como maridos no eran de por aqui sino que mencionaban lugares tales como Norfolk, Chicago, Nueva York o incluso ciudades en Holanda y España.

Sin embargo todo esto siempre se mantuvo al margen pues ellos no se metian con nadie y nadie se metia con ellos. Así pues todo transcurría en santa paz.

Contaba yo con 72 años cuando llego la respuesta a nuestras interrogantes. Hubo un gran vendaval como no se ha visto ni creo que se vuelva a ver en estas tierras. Los grandes y nudosos arboles eran arrancados de cuajo como palillos de dientes, las casas débiles se elevaban y eran transportadas por la tempestad contra las cuestas de los cerros, los animales on podian avanzar y caían, pero eran empujados por el poderoso viento.

Los que pudimos nos refugiamos en la solida iglesia de piedra que apenas podia resistir los embates de la furia de la naturaleza.

Antes se acostumbraba rezar para pedir al buen Dios que apaciguara su furia desatada en las tempestades, pero parece que hoy la ciencia ha logrado impoerse sobre las cuestiones de fé. Espero que algún día no se arrepientan de igorar que fuerzas más poderosas se ríen de sus calculos y proyecciones cientificas pues simplemente no se aplican a ellas.

Decía entones que se acostumbraba rezar, entonces rezamos, casi gritando pues el clamor del viento era potente. Pero, aún con todo ello, sobre el discordante sonido de la destrucción se oyeron gritos, pero no pertenecian aquellos que estaban afuera en busca de un refugio y eran arrojados sin piedad contra el suelo o elevados y lanzados dentro del bosque. No, el nuevo elemento venia de más lejo, pero se podía oir con gran claridad. Era un grito agonizante y desgarrador, propio de los moribundos. Como respuesta el viento se acrecentó, pero aún así no ahogó del todo el mortal grito de la lejanía.

La viento cesó. salímos de la iglesia con temor para ver los daños, que eran inmensos. Pocas casas estaban de pie. Muchos salieron debajo de estas ruinas, vivos de milagro.

Ese mismo día comenzo la reconstrucción, pero no fue la principal preocupacion de los habitantes. Lo era ese grito que se habia impuesto sobre la naturaleza.

Mientras las casas se levantaban otra vez un minusculo grupo de valientes nos dirigimos a las cumbres para ver si habia causas naturales para ese fenomeno.

La única casa lo suficientemente apartada del pueblo donde podia haber victimas era la de los Breumont.

Al llegar esta estaba deshecha, como lo esta ahora. Bien comento un muchacho que iba on nosostros que parecia como si el viento se hubiera impactado ahi poderosamente primero antes de ganar fuerza bajando por el valle, golpeandonos a nosotros.

La puerta ya no existia por lo cual entramos a ver si podiamos ayudar a nuestros vecinos, pero vimos que ya no habia nada que hacer. La abuela Breumont habia sido impactada por la pesada puerta de madera que habia penetrado hasta la cocina. Las dos hermanas habian salido volando por la ventana. Una de ellas no salió del todo y estaba cn medio cuerpo fuera de la casa. La cabeza, habia sido horribleemnte impactada por grandes pedruzcos.

La señora Breumont habia tenido un destino similar a su abuela, pero con una pared. No encontramos rastro ni del señor Breumont ni de las dos pequeñas que habian surgido del matrimonio.

Temiendo lo peor y a la vez esperano un milagor nos dirigimos a la parte trasera de la casa donde se hallan los campos de siembra y los corrales de los animales. Estos últimos estaban destruidos igual que las infelices criaturas dentro. Pero cuando recorrimos los extensos cultivos una historia diferente se abrió ante nuestros ojos.

¡La ira de la naturaleza se habia derramado sobre esa blasfema casa en un intento final por detener lo que se cebaba en ella! Pues en vez de los beneficos trigo, maiz o cebada, que componen los cultivos normales; estas gentes tenian plantas de medio metro o más de largo con largos tallos teñidos de un oscuro y repugnate verde coronadas con unas hojas llenas de un jugo espeso que las hacia colgarse hasta tocar el suelo, haciendo que los tallos se doblaran casi hasta romperse.

La tormenta rugió en ese instante y litros de aguas se precipitrond desde los cielos en un intento por lavar lo que habia sucedido en esa casa y en esas tierras.

Aunque a Dios le gusta que existan dos sexos distintos y esa ciencia llamada genetica habla de una variabilidad que genera la division entre hombre y mujer en la casa de los Breumont nunca habrían habido varones porque la familia Breumont nunca existio en el sentido literal y biblico de la palabra.

Nunca encontramos el cadaver de la segunda hermana Breumont y por mas esfuerzos invertidos, tampoco el paradero de las dos pequeñas que ojalá ignoren las tradiciones de su familia y el destino posible que les depara a ellas y al mundo si es que llegaran a saberlo.

y es que de las plantas que el viento habia arrancado y descuartizado en su furia surgian las extremidades y cuerpos recubiertos de xilema y floema de criaturas que bien podrian ser llamadas "hombres"

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Abey Sithford ya es un anciano y tal vez muera pronto. Los nuevos jovenes crecidos con la maravillas tecnologicas de nuestro siglo ya no escuchan sus historias y, aún más se burlan de ellas.

Varios hombres adultos y contemporaneos de este rumbo también lo harían de no ser por que la casa en el cerro aún existe, aunque su huerto hace años que es un fétido pantano. También hombres modernos sin conexion con Sithford hablan de la "Dama de las Ramas" que acecha en ciertos caminos del sur y también está el fenómeno de ls constantes lluvias fuera de temporada que solo se vierten sobre el cerro en fuertes y prolongadas tormentas llevando cuesta abajo ríos cargados de materia vegetal que terminan introduciendose en los campos de cultivo.

Quiza todo sea una gran coincidencia alimentada por la paranoia de un viejo, pero los susurros que eventualmente lleva el viento y las jugosas plantas que son aniquiladas por la incesante lluvia del ocaso hacen que por ahora nadie se atreva a mirar por la ventana.

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