El verdadero terror no es aquel que se nutre de la incertidumbre sobre lo que existe allá en afura, en el exterior; sino la certeza de que hay algo ahí, acechante y oculto en la quieta oscuridad.
Mi pueblo natal es rico en leyendas que le pondrían de punta cualquier vello del cuerpo a aquel que se considere lo suficientemente valiente para escucharlas. Sin embargo ese terror nocturno, equiparable con el temor de un niño por asomarse a ver que hay debajo de la cama, pues con el tiempo y la luz del día lo oido se olvida y vuelve la paz al alma.
Una de las leyendas favoritas que los abuelos cuentan a los niños es la siguiente:
"Hubo una vez en estas tierras, hace ya muchos años, un hombre que vivía solo en los límites del pueblo. Ahí el había construido su cabaña.
Generalmente evitaba el contacto con todo el mundo excepto cuando necesitaba comprar comida o conseguir noticias del mundo exterior.
Ya nadie recuerda su aspecto, pues su aspecto no era algo que uno quisiera recordar. Todos rehuian su trato por considerarlo desagradable, ya que la única vez que hablo con algunos habitantes de este pueblo fue pñara tratar de convencerlos de asistirlo en un raro experimento, de llamar de más allá de las esfera a los espiritus del arnero y el lobo, de la serpiente y el dragón, protectores del conocimiento superior.
Sobra decir que aquellos que lo oyeron casi lo hechan a patadas del pueblo.
Pero ese inconveniente no disuadió al hombre, quien juró que lo haría el solo para demostrarles a los otros lo cerrado de sus pensamientos.
Consiguió las sales y los conjuros, las varas y los frutos para hacer el rito propiciatorio que, según los que saben, debe hacerse al inicio del invierno, cuando la naturaleza incia su sueño; pues sabido es por todos que la naturaleza sabia sabe que cosas no pertenecen a estos planos de existencia y se encarga de resaltarlos o en casos extremos, destruir todo rastro.
Llegó el invierno y con el un dí de mucho viento, nubes negras, aguanieve y risas macabras que volaban montadas en las corrientes de aire.
Terror, terror sin igual como en ese día jamas se veran, más cuando las riasas de triunfo se trocaron en gritos destemplados de pavor, dolor y agonía...
Del hechidcero no se volvió a saber más desde ese día. Su cabaña abandono y las plantas y raices rápidamente la reclamaron rompiendo las tablas de las paredes y trozando los puntos de apoyo. Pero no fue el fin de aquel cuento, sino el principio de una leyenda, pues creen, quienes saben y han visto, que el hombre logoró su cometido y llamó al can y al carnero, a la serpiente y al dragón que custodian el pergamino negro del conocimiento superior que otorgará al que pueda con ello poder sobre sus enemigos y la humanidad. Pero los guardianos, dice la historia, son caprichosos y les gusta la libertad, razón por la cual se les confinó a cuidar el texto por siempre.
ASí pues, con esto en mente, el brujo extraño quizo liberarlos para ganarse su favor y simpatia y acceder al pergamino, pero siendo caprichosos y proclives a la destrucción pagaron a su libertador con un confinamiento eterno cerca de su amado objeto del deseo, el cual no podrá alcanzar jamás pues solo los antguos custodios poseen el saber para liberar el sello que mantiene ese rollo si abrir.
¿Que que fue de los guardianes liberados? Sólo el buen Dios sabe, pues aunque de enorme poder en el cosmos infinito su poder se altera ligeramente en la tierra, por lo que no pueden usar su gran magia si la naturaleza les observa, pues regresarlos entonces podría a las tinieblas eternas.
Así que esperan ocultos, sentados en las cuevas más allá del bosque que rodea nuestra aldea, silenciosos esperan alimentados por el miedo, su alimento predilecto, que pueden llamar por millas enteras.
Solo en invierno, cuando la naturaleza esta casi muerta es cuando salen, salen y caminan, se desperzan y merodean por los dominios del hombre para saber de sus ciencias, pues quiza les ayude a dominar sus fuerzas.
Muchos los han visto en el frío caminar entre el bosque, meterse en las cuevas, nadar en lso ríos. Unos mantienen prudente distancia y regresan con soslo un vago relato de un ser con orejas de perro; otros se acercan más y nunca vuelven.
Juzga tu, pequeño, cuando oigas a tus amigos y mayores, si lo que dicen son cosas de creerse, pero recuerda que un día quizá tu los veas, no en forma fisica real, pero si como sombras en tus sueños, drenando el terror de tus pesadillas, o simplemente en los caminos por donde llegaron a pasar pue sus huellas marcadas en la nieve prfundo no es dificil hallar"
Así me lo contó un buen anciano hace ya mucho años. Así el y otros la historia han contado aoidos que cada vez más sordos están gracias a la tecnología que al folklore pronto tal vez someterá.
¿Pero que hará esa ciencia cunado llegue en verdad el día en que los seres que dejan sus huellas en la nieve que cubre el suelo del bosque se presenten en verdad?
Entonces dominarán sus viejas artes y no nos necesitarán para su propósito. Sobra decir que aprenden, con seguridad.
Y es que he visto que esas huellas que antes no se mostraban fuera del bosque se encuentran ya cruzando los caminos y las calles de esta comunidad...
-Intento de cuento alimentado por el insomnio-
A.J.
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