1/10/08

El verdadero terror I

Los cuentos de los abuelos

¿Qué es más aterrador, la incertidumbre de que quizá algo desconocido podría encontrarse allá afuera, oculto entre las sombras; o la certeza de que algo real y tangible acecha desde esa oscuridad? En las gélidas montañas del norte esta pregunta tiene un significado más que filosófico, pues desde hace ya algunos años no pasa día en que los pobladores añoren los viejos días donde las leyendas viajaban de boca en boca en vez de ir veloces sobre físicas extremidades.

En ese entonces los ancianos tenían el poder de triturar las emociones de los jovenes y niños gracias a su extraordinaria habilidad verbal.

Contaban pues como los espiritus protectores de las altas y nevadas montañas vieron con ojos indiferentes la llegada de los primeros exploradores a estas blancas tierras. Se divertían relatando las historias de como estos guardianes comenzaron a involucrarse con el hombre, revelandole secretos que lo llevarían ser prospero aún en los tiempos de más dura carestía.

También se reían cuando les decían a los niños como la zona empezó a poblarse gracias a la fiebre que produjeron los metales preciosos.

Pero entocnes el tono de los reltaos cambiaba, pues las intenciones de los guardianes cambiaron. Cuando en un principio se mostraron indiferentes y después benévolos con el hombre hasta el punto de generar descendencia con algunos de sus especímenes después, furibundos observaron como el caballo de hierro del progreso devastaba las nevadas colinas cubiertas de pinos o vaciaban en los cristalinos ríos los turbios despojos de la combustión o herían la sólida tierra para extraer sus preciados tesoros que, de manera natural, les pertenecían a los guardianes, como en verdad les pertenecía todo el bosque y las montañas y los valles que se extienden entre ellas.

Así comenzaron la deprdación del ser que invadía sus terrenos.

Sin misericordia, día tras día, por años, aquel que se adentrara en terrenos que estaban marcados con los signos prohibidos no regresaba jamás.

Los más afortunados podían volver fisicamente intactos a la civilización, pero sus mentes, atacadas por fuerzas más allá de la simple comprención humana, se quedaban en aquellos terrenos, evocando seres de naturaleza fantastica y formas etereas danzantes en rituales ocultos que invocan energias del universo que son inoperantes en nuestro mundo, a menos que se les sepa como despertar y mover.

Y he ahí que fue que encontraron los guardianes su arma final en su batalla por la tierra.

Los ancianos cuentan los relatos, pero son los que los escuchan quienes deciden su veracidad. Así, los niños aterrados crecen para esas historias ignorar, o en casos especiales, los poderes descritos buscar en un afán ciego de incrementar el poder personal.

Engatusados y cegados por la ambición y con el propósito ridículo de someter a los viejos y sabios guardianes a sus deseos varios se adentraron en el bosque con libros y formulas apuntadas en papeles en sus manos.

Años atrás habían quedado los metales preciosos y las fiebres que su fría y brillante apariencia pueden desatar.

Sin embargo los viejos temores volvieron con los cuerpos sin vida que bajaban con la corriente matinal. Y de nuevo los más afortunados hablaban de formas etereas danzantes en las zonas más oscuras del bosque donde se hallan lo simbolos de la prohibición.

Pero ahora, en vez de que los temores y pesadillas quedaran contenidos por los límites de aquella zona abovedada y sin luz de sol; el temor decidió hacerse presente y recordar a los nativos que existen cosas más allá de la comprensión que el hombre puede llegar a desarrollar.

Y es que es imposible negar que algo acecha en las sombras cuando al siguiente amanecer por las calles y callejones cubiertos de nieve las pisadas con forma de pezuña o de pata canina se pueden ver claramente en tamaños y formas que jamás fueron pensados que podrían existir...

No hay comentarios: